La crisis de acceso a la vivienda se extiende por toda Europa.

Se plantean soluciones a gran escala en medio de esta problemática general. Una de ellas pasa por aprovechar la patente desindustrialización de Europa para remediar uno de los principales causantes de la crisis de oferta: la falta de suelo para construir. En todo el continente hay unos 19.000 km2 de terrenos industriales en desuso y entre 200 y 300 kilómetros cuadrados de oficinas vacíos y espacios comerciales sin actividad. Pero hay varios inconvenientes de convertir suelo industrial en suelo residencial. El gran obstáculo o efecto indeseado que pocos o nadie habría visto llegar cuando estas zonas industriales se convierten en zonas residenciales: la expulsión de las rentas más bajas de la ciudad. Este fenómeno ya se ha visto en proyectos de regeneración urbana en Barcelona, donde la conversión de espacios industriales o viales en zonas peatonales ha disparado el precio de la vivienda.

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